Era un día como otro cualquiera, nublado, frío y húmedo. No llovía, pero desde luego, estaba a punto.
Hacía mucho que no pisaba la ciudad, desde que decidió marcharse a la capital para formarse. Tenía muchos sueños en su juventud, y no le importó dejarlo todo para cumplirlos. Sus compañeros de la infancia, sus verdaderos amigos, su familia, todo se había quedado en el pueblo mientras ella viajaba a Madrid dispuesta a convertirse en la mejor actriz de todos los tiempos.
Pronto, claro, había desechado la idea, y en una ciudad aún desconocida para ella, comenzó una nueva vida, tratando de retomarla en el mismo punto donde la había dejado en su Asturias natal. Se unió a la universidad, terminó una carrera, y por supuesto, reconstruyó su círculo íntimo de amigos.
Con su ciudad natal no había vuelto a tener relación en los treinta años que había estado fuera. Ni siquiera su familia, que en los años setenta veía como una locura que su hija, de diecisiete, decidiese ser actriz, e incluso renegaron de ser sus padres cuando llegaron al pueblo las imágenes del destape, donde su hija en más de una ocasión, y en un papel más que mediocre, mostraba los senos como si fuese algo normal en ella, pero desde luego, no en el pequeño pueblecito asturiano donde había crecido.
Ahora, con cuarenta y siete, con los sueños de fama frustrados, y la cabeza bien asentada tras formar incluso su propia familia, estaba allí para algo a lo que no se habría imaginado que sería la razón por la que volvería a su tierra natal, quizá la peor excusa posible. El fallecimiento de su madre, cuatro años después del de su padre, había sido el motor que la había llevado hasta allí.
Paseaba por las calles, pensando en todo lo que conllevaba encontrarse en el mundo huérfana, aunque, realmente, en su edad ya había pensado más de una vez que lo era, pues era la pequeña de seis hermanos, y con el más joven tras ella se llevaba ya siete años.
Todo estaba igual en el pueblo, parecía que el tiempo no hubiese pasado, y que el pueblo se hubiese estancado en 1979, sin haber entrado nunca en el siglo XXI. Las mismas calles empedradas, los mismos parques, los bancos viejos, algunos ya incluso oxidados y... sí, la heladería de la esquina, que avisaba de su estado con un gran cartel en forma de cucurucho, adornado con una bola de helado de fresa, aunque el rosa ya estaba apagado, pero por lo demás, no había más cambios a cuando ella era niña.
Entonces fue cuando ocurrió. Un grupo de unos ocho hombres y mujeres estaban sentados en unos bancos del parque, y ella sonrió débilmente, ¿cómo podía acordarse de ellos? e incluso, ¿de verdad ellos habían continuado la tradición? Por supuesto que sí. Tras treinta años, todos los domingos por la mañana, el grupo de amigos se reunía en el mismo banco del parque para charlar animadamente de lo ocurrido en la semana, haciendo cada uno un balance personal, mientras comían uno de los helados de la famosa heladería del pueblo, sin importar que estuviese nevando, diluviando, o el sol no diese tregua, siempre era así.
La mujer se acercó con paso algo más rápido, sin darse cuenta, pero paró cuando miró la mirada de uno de aquellos hombres. Claro que le había reconocido, era su primer amor, aquel al que había dejado con la promesa de volver cuando se convirtiese en una estrella, pero al que había olvidado en el momento en que vio la cama del primer director con el que tuvo un casting para conseguir un papel, por no hablar del momento en que conoció al que en ese momento era su marido, y que en ese instante dormía ajeno a todo en la habitación de hotel más vieja de todo Asturias.
Sin embargo, el hombre no la había reconocido a ella, por eso la mirada con la que la mujer se había encontrado era de absoluta sorpresa, no era común ver caras nuevas en el pueblo.
La mujer sonrió levemente, dando media vuelta. No era como había imaginado el reencuentro con sus viejos amigos, desde luego, pero no había roto su promesa, para ellos no había regresado, aún tenía que convertirse de algún modo en una estrella, y de todos modos, se alegró, era la única muestra de que de verdad que había tenido de que el tiempo sí había pasado.
Publicado por
SyaraPi
1 comentarios:
me encantan los helados de fresa
y me encanta como escribes
me voy a acabar enamorando de tu blog, es tan... tan... ouch
no lo diría por decirlo, realmente es precioso
(y este el único blog que sigo y me leo entero :$ haha)
muchos besos de mariposa!
(L)
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